El impacto del COVID19 a la Salud Mental no puede esconderse.

Oct 04, 2022

Día Mundial de la Salud Mental 2022 

La pandemia de COVID-19, una de las mayores crisis mundiales en generaciones, ha tenido repercusiones graves y de gran alcance para los sistemas sanitarios, las economías y las sociedades. Innumerables personas han muerto o han perdido sus medios de vida. Las familias y las comunidades se han visto afectadas y separadas. Los niños y los jóvenes han dejado de aprender y socializar. Las empresas han quebrado. Millones de personas han caído por debajo del umbral de la pobreza.

Mientras la gente lidia con estos impactos sanitarios, sociales y económicos, la salud mental se ha visto ampliamente afectada. Muchos de nosotros nos hemos vuelto más ansiosos; pero para algunos la COVID-19 ha desencadenado o amplificado problemas de salud mental mucho más graves. Un gran número de personas han informado de malestar psicológico y síntomas de depresión, ansiedad o estrés postraumático. Y ha habido signos preocupantes de pensamientos y comportamientos suicidas más extendidos, incluso entre los trabajadores sanitarios.

Algunos grupos de personas se han visto mucho más afectados que otros. Ante la prolongación del cierre de escuelas y universidades, los jóvenes han quedado expuestos al aislamiento social y a la desconexión, lo que puede alimentar los sentimientos de ansiedad, incertidumbre y soledad y conducir a problemas afectivos y de comportamiento. Para algunos niños y adolescentes, el hecho de tener que quedarse en casa puede haber aumentado el riesgo de estrés o abuso familiar, que son factores de riesgo para los problemas de salud mental. Las mujeres también se han enfrentado a un mayor estrés en los hogares, y una evaluación rápida informó de que el 45% de las mujeres habían sufrido algún tipo de violencia, directa o indirectamente, durante el primer año de la pandemia.

Mientras que las necesidades de salud mental han aumentado, los servicios de salud mental se han visto gravemente perturbados. Esto fue especialmente cierto al principio de la pandemia, cuando el personal y la infraestructura se redistribuyeron a menudo para el socorro del COVID-19. Las medidas sociales también impidieron que la gente accediera a la atención en ese momento. Y en muchos casos, el escaso conocimiento y la desinformación sobre el virus alimentaron temores y preocupaciones que impidieron a la gente buscar ayuda.

El factor de ansiedad y depresión.

En México las estimaciones sitúan el aumento de los trastornos de ansiedad y depresión en más de un 25% durante el primer año de la pandemia, y un 31 a 35% en el segundo año. Para el 2022 este número ha crecido a un 39%.  

2 de cada 10 personas que tuvieron COVID19 presentan sintomatología de Trastorno de Estrés Postraumático.

3 de cada 10 personas que trabajaron más de 18 meses durante la pandemia de COVID19 como personal sanitario presentan sintomatología de Trastorno de Estrés Postraumático. 

1 de cada 4 personas manifiesta evitación social y ansiedad al pensar salir nuevamente y recobrar la vida normal. 

1 de cada 6 personas manifiestan síntomas de Duelo Prolongado derivado de la perdida de un ser querido fallecido a causa del COVID19

 

Recomendaciones para la respuesta

Desde el comienzo de la pandemia, los proveedores de servicios de salud mental han intentado mitigar las interrupciones de los servicios, por ejemplo, prestando atención por vías alternativas cuando se aplicaban medidas sociales y de salud pública. Las iniciativas comunitarias fueron a menudo más rápidas de adaptar, encontrando formas innovadoras de proporcionar apoyo psicosocial, incluso a través de tecnologías digitales y apoyos informales. Y las organizaciones internacionales también han proporcionado orientación, herramientas y recursos para ayudar a los encargados de la respuesta, a los planificadores de salud pública y al público en general.

La OMS recomienda integrar la salud mental y el apoyo psicosocial informado en trauma (MHPSS) en todos los aspectos de la preparación y la respuesta para todas las emergencias de salud pública. Para minimizar las consecuencias para la salud mental de la pandemia de COVID-19, la OMS también recomienda que los países apliquen un enfoque de toda la sociedad para promover, proteger y cuidar la salud mental, incluso mediante la protección social y financiera para salvaguardar a las personas de la violencia doméstica o el empobrecimiento, y comunicando ampliamente sobre el COVID-19 para contrarrestar la desinformación y promover la salud mental.


Garantizar la disponibilidad generalizada de salud mental y el cuidado informado en trauma , incluso ampliando el acceso a la autoayuda y apoyando las iniciativas comunitarias.

Apoyar la recuperación de la COVID-19 mediante la creación de servicios de salud mental para el futuro.
La pandemia del COVID-19, al igual que otras crisis actuales, ha hecho más urgente el fortalecimiento de los sistemas de salud mental en todo el mundo. "No se puede subestimar el impacto del COVID-19 en la salud mental. No puede hacerse a la ligera",  El cambio es posible.

 

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