El Cuerpo lleva la cuenta

Jul 15, 2022
El Cuerpo lleva la cuenta

Cuando escuchas la palabra Trauma, inmediatamente piensas: “Yo no tengo traumas: yo nunca he sufrido abusos, ni me he visto atrapado en un desastre natural, ni fui atacada. Yo crecí en una familia normal, teníamos problemas como todas las familias, pero fui feliz”

Pero lo que no sabes es que los síntomas que hay en su vida actual, en realidad dicen lo contrario, y es que un Trauma no es un evento o suceso que te haya pasado. (sigue leyendo)

 “El Cuerpo lleva la Cuenta” presenta una concepción del trauma completamente nueva, diferente a todo lo que has leido sobre psicología. 

Hoy muchos están obsesionados con el mundo del “desarrollo personal", “desempeño”, “productividad” muchos coaches intentan descubrir verdades ocultas y reescribir creencias limitantes.  Los psicólogos hoy hablan de psicología positiva, crecimiento espiritual y superación de sesgos cognitivos. 

Pero, de alguna manera, nunca se toman el tiempo de comprender realmente lo que está en la raíz de una psicología perturbada, lo que puede haber detrás de una procrastinación, lo que puede estar subyacente a “no poder lograr metas y objetivos”. Te sorprenderá descubrir que pudo haber sucedido de bebe o niño en una persona que cree tener un " sindrome del impostor".

Estos síntomas pueden estar presentes en personas como tu y como yo, que tuvieron infancias “felices” o que crecieron en familias “normales”.

Por ejemplo:

■            Dificultades de concentración y memoria

■            Sobrecarga sensorial e hipersensibilidad

■            Personas que pueden filtrar completamente lo que no les importa

■            Dificultad para dormir y relajarse

■            Miedo y ansiedad a la hora de asumir riesgos

■            Acceder a la imaginación y la creatividad como forma de sobrellevar la vida.

■            Dudas y perfeccionismo

■            Hiperconcentración y workaholismo

■            Fatiga crónica y agotamiento

■            Obsesión por mantenerse motivado

■            Tensión por aprender nuevas cosas siempre

■            Hacer cosas contrafóbicas ( me da miedo las alturas, me tiró de un paracaídas;  Me da miedo hablarle a las personas, una noche le hablo a cuanta persona me cruce; Me da miedo la velocidad, me compro una moto y manejo a exceso de velocidad.)

■   Ser altamente Sensible.

Y no lo digo yo, lo dice el mas grande experto mundial en Trauma.

Te sorprenderá descubrir que el Déficit de Atención es el síntoma más común de trauma lo mismo que su extremo opuesto la hiperconcentración. Ambos pueden ser formas de disociación, un intento de escapar del momento presente. Incluso aquellos a quienes les  resulta fácil "ser productivos" no son inmunes al impacto del trauma.

 ¿podría ser esta la clave de tantas cosas que aquejan a la sociedad? ¿Podría ser la raíz de tantos problemas que impiden a muchos alcanzar sus metas y sueños más preciados?

El Cuerpo Lleva la cuenta es una lectura obligada para los profesionales de la salud mental, pero también para cualquier persona que desee llegar al fondo y a la raíz de porque no  ha podido  alcanzar sus sueños

Estos hallazgos son de importancia crítica para todo, desde la educación, la política social, la atención médica, la aplicación de la ley, el desarrollo personal, la espiritualidad , el management y mucho más. 

El libro está escrito por el Dr. Bessel van der Kolk y resume sus cuatro décadas de experiencia en el estudio del impacto del trauma en el desarrollo del cerebro infantil y la regulación de las emociones. Como clínico e investigador de la Universidad de Harvard y la Universidad de Boston, ha publicado más de 150 artículos académicos y ha dirigido estudios sobre la eficacia del yoga sensible al trauma, la desensibilización y el reprocesamiento por movimientos oculares (EMDR), el neurofeedback, el MDMA, IFS y otros métodos en el Desarrollo de la Psicotraumatología como una nueva disciplina de post-psicología contemporánea basada en los hallazgos de la neurociencia.

El trauma es universal

El trauma es una parte casi universal de la experiencia humana. Solemos pensar en el trauma como algo que ocurre en circunstancias muy extremas: violación, abuso sexual, maltrato físico, negligencia extrema, agresión, violencia doméstica o desastres naturales. Pero esto se refiere a un trauma agudo, que no es el único.

“Trauma no necesariamente es algo malo que te paso, el Trauma puede ser algo positivo que necesitabas para desarrollarte de niño y no lo recibiste”

Incluso los traumas agudos son comunes. Una investigación del Centro para el Control de Enfermedades (CDC) descubrió que uno de cada cinco estadounidenses ha sufrido abusos sexuales en su infancia; uno de cada cuatro ha sido golpeado por uno de sus padres; uno de cada cuatro de nosotros creció con familiares alcohólicos; y uno de cada ocho ha sido testigo de cómo su madre era golpeada o atropellada.

Se trata de cifras terribles, que van mucho más allá de lo que incluso la mayoría de los profesionales esperan. Los traumas infantiles son una epidemia silenciosa, ya que sólo un tercio de los encuestados en el histórico estudio ACE (del que se extraen estos resultados) no informaron de ninguna experiencia de este tipo.

La CDC estima que los costes globales de los traumas en la infancia y la adolescencia superan a los del cáncer o las enfermedades cardíacas, y que la erradicación del maltrato infantil en Estados Unidos reduciría la tasa global de depresión a más de la mitad, la de alcoholismo a dos tercios, y la de suicidio, consumo de drogas intravenosas y violencia doméstica a tres cuartos. Incluso la forma mas efectiva de erradicar la Violencia Futura sería prevenir, detectar y tratar a las personas que han sufrido adversidad infantil. 

Pero incluso para los que no experimentan estos incidentes, sigue habiendo una fuente de trauma más sutil y menos gráfica: el abuso emocional crónico y la negligencia. Increíblemente, las investigaciones de Van der Kolk han demostrado que este tipo de abuso y negligencia puede ser tan devastador como el abuso físico y el acoso sexual.

 En México Newman Institute llevo a cabo el estudio longitudinal de las Experiencias Adversas y encontró que más del 60% de los niños mexicanos tienen de 2 a 3 de experiencias adversas o de trauma infantil, el más común en nuestro país es el maltrato emocional por parte de sus cuidadores.

También existen investigaciones sobre el trauma apego en la infancia realizadas por psiquiatra Karlen Lyons-Ruth, que en la década de 1980 llevó a cabo un influyente estudio de seguimiento de los niños desde su nacimiento hasta los 20 años. Su hipótesis era que el comportamiento hostil o intrusivo de las madres sería el indicador más fuerte de inestabilidad mental en sus hijos adultos.

el comportamiento hostil o intrusivo de las madres sería el indicador más fuerte de inestabilidad mental en sus hijos adultos.

Y también descubrieron que el retraimiento emocional de la madre tenía el impacto más profundo y duradero en un bebé y el daño se manifestaría en su edad adulta. 

Si tus cuidadores ignoran regularmente tus necesidades, aprendes a anticipar el rechazo y el retraimiento. Te las arreglas bloqueando su hostilidad o negligencia y actuando como si no importara. Pero el cuerpo lleva la cuenta: tu cuerpo permanece en un estado de alerta máxima, preparado para protegerse de los golpes, las privaciones o el abandono.

Las personas que de bebes o niños sufrieron esto de adultos pueden decir cosas como : “No sentirse real por dentro” Muchos lo explican diciendo “me siento un impostor, no tengo autoestima, no me siento seguro, no tengo seguridad, no tengo lo que se necesita” en realidad están explicando síntomas de algo que les sucedió incluso dentro del vientre materno, la negligencia emocional.

Y todo esto se traslada a la edad adulta. No desaparece por sí solo. Un niño que ha sido ignorado o humillado crónicamente es probable que no se respete a sí mismo. Los niños a los que no se les ha permitido hacerse valer tendrán problemas para defenderse. Y muchos adultos que fueron maltratados de niños tienen una rabia latente que apenas pueden contener.

Como han observado los psicólogos desde Freud y Breuer, "el trauma psíquico -o más precisamente el recuerdo del trauma- actúa como un cuerpo extraño que mucho tiempo después de su entrada debe seguir siendo considerado como un agente que sigue actuando".

En otras palabras, el recuerdo del trauma actúa como una astilla en la mente: es la respuesta del cuerpo al objeto extraño la que se convierte en el problema, más que el objeto en sí.

Desde el punto de vista de la neurociencia, los estudios de imágenes cerebrales de los pacientes traumatizados suelen encontrar una activación anormal de la ínsula. La ínsula integra e interpreta la información de los órganos sensoriales y transmite a la amígdala señales de lucha o huida cuando es necesario.

En las personas con trauma, estas señales se disparan todo el tiempo. No requiere ninguna influencia consciente: simplemente te sientes constantemente al límite, sin razón aparente. Puedes tener la sensación de que algo ha ido mal, o de que el destino es inminente. Estos poderosos sentimientos se generan en lo más profundo del cerebro y no pueden ser eliminados por la razón o la comprensión.

Van der Kolk cuenta la historia de un poderoso abogado litigante con el que trabajó una vez. Era una persona motivada, con éxito y muy respetada por sus logros. Pero descubrió que era incapaz de disfrutar de ellos. Pretendía sentirse satisfecho cuando ganaba un caso, y cuando perdía era como si lo hubiera visto venir y se hubiera resignado a la derrota antes de que ésta se produjera.

El abogado se enfrascaba en la elaboración de una estrategia para ganar un caso y se quedaba despierto toda la noche enfrascado en los detalles. "Era como estar en combate", decía. Se sentía totalmente vivo y como si nada más importara. Pero cuando el caso finalizaba, ganara o perdiera, perdía su energía y su sentido de la vida.

Esta historia describe una experiencia común entre los supervivientes de un trauma: sólo se sienten plenamente vivos cuando están totalmente absorbidos, lo que les permite escapar de su realidad actual, pero a costa de la vitalidad, la motivación, el entusiasmo y el propósito en el resto de sus vidas.

 

El trauma se convierte en síntomas físicos

Cuando las personas están crónicamente enfadadas o asustadas, la tensión muscular constante acaba provocando espasmos, dolor de espalda, migrañas, fibromialgia y otros tipos de dolor.

Otras afecciones comunes que a menudo no tienen una causa física clara son el dolor de cuello crónico, los problemas digestivos, el colon espástico/síndrome del intestino irritable, la fatiga crónica y algunas formas de asma. Los niños que han sufrido experiencias adversas en su infancia tienen una tasa de asma cincuenta veces superior a la de sus compañeros no traumatizados.

Estas personas pueden visitar a múltiples especialistas, someterse a extensas pruebas de diagnóstico y recibir prescripciones de medicamentos. Estas medidas pueden proporcionar un alivio temporal, pero ninguna de ellas aborda la causa subyacente.

Otro síntoma común es la alexitimia, en la que una persona dice sentirse físicamente incómoda sin ser capaz de describir exactamente cuál es el problema. Esto se debe al adormecimiento de la persona, que le impide responder a las necesidades ordinarias de su cuerpo de forma tranquila y consciente: cambiarse de silla, estirarse, beber agua o dar un paseo, por ejemplo. 

Si no eres consciente de lo que necesita tu cuerpo, eres incapaz de cuidarlo. Si no sientes hambre, no puedes alimentarte. Si confundes la ansiedad con el hambre, puedes comer demasiado. Y si no te sientes saciado, seguirás comiendo.

 

El impacto del trauma.

El efecto general del trauma puede describirse como una "pérdida de la sensación de vitalidad, motivación, entusiasmo y propósito".

En los escáneres cerebrales de 18 pacientes con TEPT (Trastorno de Estrés Postraumático) crónico, los investigadores descubrieron algo sorprendente: no había casi ninguna activación de las áreas de "autodetección" del cerebro en comparación con los sujetos no traumatizados: el córtex prefrontal medial, el cíngulo anterior, el córtex parietal y la ínsula estaban a oscuras.

Su conclusión fue que "en respuesta a su trauma, y para hacer frente al pavor que persistía mucho tiempo después, estos pacientes habían aprendido a apagar las áreas cerebrales que transmiten los sentimientos y emociones viscerales que acompañan y definen el terror".

El problema es que esas mismas áreas son también responsables de registrar toda la gama de emociones y sensaciones que forman la base de nuestra autoconciencia.

Lo que los investigadores estaban presenciando era una terrible compensación: en un esfuerzo por apagar las sensaciones aterradoras, también habían amortiguado su capacidad de sentirse plenamente vivos.

Las personas traumatizadas a menudo pierden el sentido del propósito y la dirección, porque no pueden comprobar con ellos mismos lo que realmente quieren, tal y como lo definen las sensaciones más básicas de su cuerpo, que son la base de emociones como el deseo y la pasión. En algunos casos, la pérdida de autoconciencia es tan profunda que los sujetos no pueden ni siquiera reconocerse en el espejo.

Suprimir los sentimientos básicos requiere una enorme cantidad de energía. Esto deja menos energía para perseguir objetivos significativos, haciendo que te sientas aburrido y apagado. Pero al mismo tiempo, las hormonas del estrés inundan tu cuerpo, provocando dolores de cabeza, dolores musculares, problemas intestinales, disfunción sexual o comportamiento agresivo hacia las personas que te rodean.

Esta cita resume poderosamente lo que falta:

"Todos nosotros, pero especialmente los niños, necesitamos esa confianza: confianza en que los demás nos conocerán, nos afirmarán y nos apreciarán. Sin eso no podemos desarrollar un sentido de agencia que nos permita afirmar: "Esto es en lo que creo; esto es lo que defiendo; esto es a lo que me dedicaré".

 

"Mientras nos sintamos seguros en el corazón y la mente de las personas que nos quieren, escalaremos montañas y cruzaremos desiertos y nos quedaremos despiertos toda la noche para terminar proyectos. Los niños y los adultos harán cualquier cosa por las personas en las que confían y cuya opinión valoran".

Con un mapa del mundo basado en el trauma, el abuso y el abandono, las personas traumatizadas suelen buscar atajos hacia el olvido. Anticipando el rechazo, el ridículo y las privaciones, son reacios a probar nuevas opciones, seguros de que les llevarán al fracaso. Esta falta de experimentación les atrapa en un mundo de miedo, aislamiento y escasez en el que es imposible acoger las mismas experiencias que podrían cambiar su perspectiva básica. 

Se ha observado una clara falta de imaginación entre los sujetos traumatizados. Cuando son arrastrados compulsiva y constantemente al pasado, no pueden imaginar un futuro diferente.

Pero la imaginación es esencial para la calidad de nuestras vidas. Enciende nuestra creatividad, alivia nuestro aburrimiento, alivia nuestro dolor, aumenta nuestro placer y enriquece nuestras relaciones más íntimas. Sin ella, no hay esperanza, ni posibilidad de imaginar un futuro mejor, ni lugar al que ir, ni meta que alcanzar.

Otros síntomas o efectos comunes del trauma invisible son:

Flashbacks y proyección

El acontecimiento traumático tuvo un principio, un medio y un final. Pero las escenas retrospectivas pueden ser aún peores: nunca se sabe cuándo van a aparecer ni cuánto van a durar. Las personas traumatizadas suelen "proyectar" su trauma sobre las personas y las situaciones cotidianas, viendo riesgos y peligros donde no los hay.

La alteración de uno mismo y de los demás

Después de un trauma, el mundo se divide de forma tajante: entre los que saben y los que no. No se puede confiar en las personas que no han compartido la experiencia traumática, porque no pueden entenderla. Tristemente, esto incluye a menudo a su cónyuge, hijos y amigos cercanos.

Dejar de festejar cumpleaños, no verle sentido a la Navidad o peor aun cuestionar todo tipo de celebración social. Sentirse entumecido durante las fiestas de cumpleaños de los niños o en las bodas hace que las personas se sientan como monstruos, como si no formaran parte de la raza humana. Como resultado, la vergüenza se convierte en la emoción dominante y la ocultación de la verdad en la preocupación central. 

 

Una especie de batalla con el propio cuerpo

Van der Kolk y sus colegas observaron a menudo una clara falta de coordinación física entre sus sujetos: tenían problemas para practicar deportes, montar tiendas de campaña, enderezar un barco, e incluso parecían torpes en una conversación casual. Con el tiempo, llegó a entenderlos como síntomas de una profunda descorporeización. Sus cuerpos, constantemente bombardeados por señales de advertencia viscerales, se convierten en expertos en ignorar sus sentimientos viscerales y en adormecer la conciencia de lo que ocurre en su interior. Personas que perciben sus cuerpos de forma diferente, amenazante o peligrosa o mas bien no perciben sus cuerpos haciendo de su experiencia interna subjetiva a la realidad. El ser humano habita en su cuerpo, imagina que ese hábitat es peligroso, amenazante o no se siente real. 

 

Ataques de pánico

Las personas que no pueden notar cómodamente lo que ocurre en su interior se vuelven vulnerables a cualquier cambio sensorial y responden cerrándose o entrando en pánico. Ahora se entiende que lo que impulsa los ataques de pánico no es el desencadenante inicial, sino un miedo creciente a las sensaciones corporales que acompañan al propio ataque de pánico.

 

Hormonas del estrés crónicamente elevadas

Los traumas arraigados pueden reactivarse fácilmente al menor desencadenante. Cantidades masivas de hormonas del estrés inundan el sistema, y tardan mucho más en volver a la línea de base de lo normal. Los efectos insidiosos incluyen problemas de memoria y atención, irritabilidad y trastornos del sueño.

 

Controlador e hipervigilancia

Estar traumatizado significa seguir organizando tu vida como si el trauma siguiera vigente. Cada nuevo encuentro y acontecimiento está continuamente contaminado por el pasado en un bucle sin fin. Un superviviente de un trauma dedicará toda su energía a suprimir el caos interior, lo que le llevará a retraerse de la vida y a padecer una serie de trastornos como la fibromialgia, la fatiga crónica y otras enfermedades autoinmunes. 

En un estudio sobre personas con TEPT, los investigadores descubrieron que no había activación en el lóbulo frontal cuando se encontraban con extraños. En lugar de experimentar curiosidad, había una intensa activación en un área primitiva conocida como gris periacueductal, que genera sobresalto, hipervigilancia, acobardamiento y otros comportamientos de autoprotección. En respuesta a ser mirados, simplemente entraron en modo de supervivencia.

 

Disociación y evasión

La disociación es la esencia del trauma. La experiencia traumática se escinde y fragmenta, de modo que las emociones, los sonidos, las imágenes, los pensamientos y las sensaciones físicas se inmiscuyen en el presente y se reviven. Estas personas responden incluso a las más pequeñas irritaciones como si fueran a ser aniquiladas, y no pueden entender por qué. Una respuesta común es reorganizar sus vidas en torno a tratar de evitar estos recuerdos. Pero luchar constantemente contra peligros invisibles es agotador y les deja fatigados, deprimidos y cansados.

Aunque revivir el trauma puede ser aterrador e incluso autodestructivo, con el tiempo la falta de presencia puede ser aún más perjudicial. Los niños que se portan mal al menos reciben tiempo y atención. Pero los que simplemente se quedan en blanco no molestan a nadie y se quedan solos para perder su futuro poco a poco.

 

Dificultad para integrar los recuerdos traumáticos

En condiciones normales, nuestros sistemas de memoria emocional y racional trabajan juntos para integrar nuevas experiencias en un flujo continuo. Pero en los eventos traumáticos, muchas regiones se apagan: las áreas lingüísticas, las áreas responsables de crear nuestro sentido del tiempo y el espacio, y el tálamo, que codifica los datos sensoriales en bruto.

El resultado es una memoria que no está cohesionada y organizada en una narrativa lógica, sino que se almacena como "fragmentos" desorganizados de imágenes, sonidos y sensaciones físicas caóticas. En efecto, se levanta un muro entre las dos partes de un sistema de memoria dual. La memoria traumática no se integra en el sentido combinado y siempre cambiante de lo que sabemos que somos.

La memoria ordinaria es social y adaptable: puede ser reorganizada, condensada para ser contada más rápidamente o ampliada en todo su detalle dependiendo de las necesidades del momento. Pero la fragmentación y el caos de la memoria traumática la hacen inflexible: la recreación está congelada en el tiempo, no cambia y siempre es solitaria, humillante y alienante. 

La única intervención psicoterapéutica capaz de dar terapia a esta desintegración de la memoria se llama EMDR.

 

Sobrecarga sensorial

En circunstancias normales, el tálamo sirve de filtro o "guardián" de la información entrante. Esto lo convierte en un componente central de la atención, la concentración y el aprendizaje, todos los cuales se sabe que están comprometidos por el trauma.

Las personas con Trauma tienen las compuertas sensoriales abiertas de par en par. Al carecer de un filtro, sufren una sobrecarga sensorial constante. Esta apertura de las compuertas sensoriales a menudo muchas personas le dan una explicación fenomenológica como una persona altamente sensible o hipersensible.

Para hacer frente a la situación, intentan aislarse y desarrollar una visión de túnel y una hiperconcentración.

 Si no pueden hacerlo de forma natural, pueden recurrir a las drogas o al alcohol para bloquear el mundo. La tragedia es que al cerrarse también están filtrando el placer y la alegría.

 

Adicción al trauma

Van der Kolk observó un fenómeno común entre sus pacientes, que denomina "adicción al trauma".

Muchas personas traumatizadas parecen buscar experiencias que a la mayoría de nosotros nos repugnan, e incluso a veces la misma experiencia que les traumatizó en primer lugar.

Informan de una vaga sensación de vacío y aburrimiento cuando no están enfadados, bajo presión o involucrados en alguna actividad peligrosa.

En un experimento con ocho veteranos, se les pidió que mantuvieran la mano en agua dolorosamente fría durante el mayor tiempo posible. Un grupo vio la película gráfica de guerra Platoon y fue capaz de mantener la mano en el agua un 30% más de tiempo que un grupo de control.

La reexposición de los recuerdos del estrés de la guerra funcionó como un alivio del dolor y la ansiedad. Los investigadores calcularon que el alivio del dolor que experimentaron fue equivalente a ocho miligramos de morfina, más o menos la misma dosis que recibiría una persona en una sala de urgencias por un dolor torácico intenso.

Esto podría explicar por qué las personas con traumas buscan paradójicamente las lesiones o sólo se sienten atraídas por las personas que les hacen daño. Si no tienes una sensación de seguridad interna, es difícil distinguir entre seguridad y peligro. Si te sientes crónicamente insensibilizado, las situaciones potencialmente peligrosas pueden hacerte sentir vivo. 

Muchas personas por ejemplo cuentan en psicoterapia como al no tolerar el dolor lo buscan es más dolor, por ejemplo tatuándose en zonas altamente sensibles o dolorosas o buscando ese dolor del tatuaje como una forma de calmarse. Esto es de orígen traumático.

Vías de tratamiento al Trauma

El cuerpo lleva la cuenta resume varias décadas de investigación sobre la naturaleza del trauma. Basándose en el trabajo de Van der Kolk y en el de muchos otros, revela los descubrimientos de una nueva generación de disciplinas, incluyendo:

■            La neuroimagen, el estudio de cómo el cerebro apoya los procesos mentales.

■            Psicotraumatología, el estudio del impacto de las experiencias adversas en el desarrollo de la mente y el cerebro asi como el tratamiento especializado en trauma basado en la evidencia.

■            Neurobiología interpersonal, el estudio de cómo nuestro comportamiento influye en las emociones, la biología y la mentalidad de quienes nos rodean; es una especie de evolución de la Psicología.

Lo que estas disciplinas han revelado es que el trauma provoca cambios fisiológicos reales en el cerebro. Esto incluye una recalibración del sistema de alarma del cerebro, un aumento de la actividad de las hormonas del estrés y alteraciones en el sistema que filtra la información relevante de la irrelevante.

El trauma provoca una reorganización fundamental del modo en que la mente y el cuerpo gestionan las percepciones, sumergiendo a las personas en un mundo percibido lleno de riesgos y amenazas.

Hay tres vías por las que podemos utilizar la neuroplasticidad natural del cerebro para deshacer los efectos del trauma:

1.       De arriba hacia abajo ( del pensamiento hacia los sentimientos), hablando, (re)conectando con otros, y permitiéndonos conocer y entender lo que está pasando dentro de nosotros, mientras intentamos recobrar los recuerdos del trauma.

2.       Tomando medicamentos que desactiven las reacciones de alarma inapropiadas, o utilizando otras tecnologías que cambien la forma en que el cerebro organiza la información.

3.       De abajo hacia arriba (desde el cuerpo, pasando por las emociones hasta la razón) permitiendo que el cuerpo tenga experiencias que contradigan profunda y visceralmente la impotencia, la rabia o el colapso que resultan del trauma.

De arriba abajo, hablando

Aunque el psicoanálisis ha caído en desgracia en los últimos años, la "cura hablada" sigue siendo una de las formas más difundidas para intentar curar el trauma, sin embargo hoy sabemos que es la menos eficaz y muchas veces se corre el riesgo de re-traumatizar a la persona si el terapeuta no cuenta con el debido entrenamiento informado en trauma

Su premisa básica es que relatar el incidente traumático con gran detalle y procesarlo a través del lenguaje ayudará a la mente a dejarlo atrás.

Esta es la limitación de la cura hablada: el trauma es preverbal. La investigación neurocientífica muestra que muy pocos problemas psicológicos son el resultado de defectos de comprensión. Por lo tanto, mejorar la comprensión no ayuda. La mayoría de los problemas psicológicos se originan en regiones más profundas del cerebro que dirigen nuestra percepción y acción. 

Un hallazgo sorprendente de la investigación de Van der Kolk fue que una región del lóbulo frontal izquierdo llamada área de Broca se desconectaba cuando los sujetos traumatizados experimentaban flashbacks. El área de Broca es un centro del habla, y se ve afectada de forma similar durante un accidente cerebrovascular. Revivir el trauma apaga la capacidad de las personas para expresar lo que están experimentando en palabras, al igual que en un accidente cerebrovascular.

Al mismo tiempo, se iluminó otra región del cerebro llamada área de Brodman. Se trata de una región de nuestra corteza visual que registra las imágenes cuando entran por primera vez en el cerebro. Los flashbacks de los traumas desactivan el hemisferio izquierdo -responsable de las palabras, la lógica y los hechos- y activan el hemisferio derecho, responsable de los recuerdos sonoros, táctiles, olfativos y de las emociones que evocan. Estos recuerdos eluden las funciones ejecutivas del cerebro, haciéndolos sentir como una verdad intuitiva, como las cosas son.

El trauma, por su naturaleza, lleva a las personas al límite de la comprensión. Nos separa del lenguaje basado en la experiencia común o en un pasado imaginable.

Van der Kolk resume:

"Nuestra investigación no apoyó la idea de que el lenguaje puede curar el trauma.

La mayoría de los sujetos podían contar una historia coherente y experimentar el dolor asociado a lo que les había ocurrido. Sin embargo, seguían siendo perseguidos por imágenes y sensaciones físicas insoportables.

Por mucha perspicacia, resignación, resignificar, aceptar y elaborar un compromiso o comprender lo que les pasó, el cerebro racional es básicamente impotente para convencer al cerebro emocional de su propia realidad. Cuando nuestros cerebros emocional y racional entran en conflicto (como cuando nos enfurece alguien a quien amamos, nos asusta alguien de quien dependemos o deseamos a alguien que está fuera de nuestros límites) se produce un tira y afloja.

Pero esta batalla se libra en gran medida en el teatro de la experiencia visceral en nuestras entrañas, nuestro corazón, nuestros pulmones, y no en el mundo de las ideas.

La terapia cognitivo-conductual (TCC), una encarnación más moderna de la cura hablada, adolece sin embargo de muchos de los mismos inconvenientes.

La TCC se ha utilizado con mucho éxito para los miedos irracionales, como el de las arañas, pero ha tenido mucho menos éxito en el tratamiento de los traumas, sobre todo en aquellos con historias de abuso en la infancia. Sólo uno de cada tres participantes con TEPT (trastorno de estrés postraumático) que terminan los estudios de investigación de la TCC muestran alguna mejora.

Los que terminan el tratamiento con TCC suelen tener menos síntomas de TEPT, pero rara vez se recuperan por completo. La mayoría sigue teniendo problemas importantes con su salud, trabajo o bienestar mental. La razón es que la Terapia Cognitivo-conductual fue desarrollada anteriormente a que los nuerocientíficos descubrieran a través de la neuroimagen el profundo impacto del trauma en el cerebro emocional y el cerebro instintivo, no en el cerebro cognitivo.

Encontrar palabras para describir lo que le ha sucedido puede ser transformador, pero no siempre suprime los flashbacks ni mejora la concentración, ni estimula la implicación vital en su vida, ni reduce la hipersensibilidad a las decepciones y a las heridas percibidas.

La terapia menos efectiva para el trauma involucra hablar, el problema es que 99% de las terapias se basan en la compresión y el habla. 

 

Toma de medicamentos

Los medicamentos antipsicóticos han transformado la profesión psiquiátrica en las últimas décadas. Fueron en gran parte responsables de la reducción del número de personas que vivían en hospitales psiquiátricos en Estados Unidos, de más de 500.000 en 1955 a menos de 100.000 en 1996.

Van der Kolk describe la revolución farmacológica como "inimaginable" y "milagrosa". Casi de la noche a la mañana, fue testigo de cómo pacientes que habían pasado gran parte de sus vidas encerrados en sus propias realidades separadas y aterradoras, de repente podían volver a sus familias y comunidades. Los pacientes sumidos en la oscuridad y la desesperación empezaron a responder a la belleza del contacto humano y a los placeres del trabajo y el juego.

Sin embargo, por muy transformadoras que hayan sido estas sustancias, estamos empezando a toparnos con sus límites. Los estudios sobre el Prozac no tuvieron ningún efecto en los veteranos de combate con TEPT. Estos resultados se han mantenido en la mayoría de los estudios farmacológicos posteriores en veteranos: aunque unos pocos han mostrado modestas mejoras, la mayoría no se han beneficiado en absoluto. 

Los medicamentos psiquiátricos tienen un inconveniente: pueden desviar la atención de los problemas subyacentes. Los diagnósticos que reciben las personas pueden quitarles el control de su destino y poner a los médicos y a las compañías de seguros a cargo de solucionar sus problemas.

 

El caso de los antidepresivos.

Si fueran realmente una solución permanente y a largo plazo, la depresión debería haberse convertido ya en un problema menor en la sociedad. Sin embargo, no ha hecho mella en los ingresos hospitalarios.

El número de personas tratadas por depresión se ha triplicado en las dos últimas décadas, y entre uno y dos de cada diez mexicanos toma ahora antidepresivos.

También hay un impacto socioeconómico dramáticamente desigual. Los niños de familias con bajos ingresos tienen cuatro veces más probabilidades de recibir medicamentos antipsicóticos que los niños con seguro privado. Estos medicamentos se utilizan a menudo para que los niños maltratados y abandonados sean más fáciles de tratar. Pero también interfieren en la motivación, el juego y la curiosidad, que son indispensables para madurar y convertirse en miembros de la sociedad que funcionen bien y contribuyan a ella. Los niños que los toman también corren el riesgo de padecer obesidad mórbida y desarrollar diabetes.

"...los fármacos no pueden 'curar' el trauma; sólo pueden amortiguar las expresiones de una psicología perturbada".

No enseñan las lecciones duraderas de la autorregulación. Pueden ayudar a controlar los sentimientos y el comportamiento, pero al precio de bloquear los sistemas químicos que regulan el compromiso, la motivación, el dolor y el placer. Los medicamentos más controvertidos, los llamados "agentes antipsicóticos de segunda generación", como Risperdal y Seroquel, son los fármacos psiquiátricos más vendidos en Estados Unidos. Más de medio millón de niños y adolescentes los toman actualmente.

Estos fármacos antipsicóticos se utilizan ampliamente para tratar a los niños maltratados a los que se les diagnostica indebidamente un trastorno bipolar o un trastorno de desregulación del estado de ánimo. Y sin embargo, para los síntomas más graves -disociación, automutilación, recuerdos fragmentados y amnesia- no suelen tener ningún efecto.

Mientras tanto, no se han realizado estudios sobre los efectos de los medicamentos psicotrópicos en el cerebro en desarrollo. Estos medicamentos amortiguan el cerebro emocional y, por tanto, hacen que los niños sean menos asustadizos o se enfurezcan, pero también pueden interferir en la capacidad de apreciar señales sutiles de placer, peligro o satisfacción. También pueden hacerlos físicamente inertes, aumentando aún más su sensación de alienación.

Pueden funcionar para calmarlos, pero al bloquear los centros de recompensa de la dopamina, pueden interferir en el aprendizaje de habilidades apropiadas para su edad y en el desarrollo de amistades con otros niños.

 

De abajo a arriba, a través de las experiencias

La regulación ascendente implica recalibrar el sistema nervioso autónomo (SNA), que se origina en el tronco cerebral. Podemos acceder al SNA a través de la respiración, el movimiento o el tacto.

En la terapia sensoriomotriz que enseñamos en el Nivel II de Psicotraumatología , uno de los métodos de tratamiento que entran en esta categoría, el objetivo es formar nuevos recuerdos que convivan con las realidades dolorosas del pasado. Estos nuevos recuerdos proporcionan experiencias sensoriales de sentirse visto, acunado y apoyado de manera que puedan servir como antídotos para los recuerdos de dolor y traición. 

Para cambiar, las personas necesitan familiarizarse visceralmente con las realidades que contradicen directamente las sensaciones de congelación o pánico. Necesitan sustituirlas por sensaciones arraigadas en la seguridad, el dominio, el placer y la conexión.

Un enfoque ascendente entrena a las personas en la reactivación de las estructuras cerebrales que se desactivaron durante la experiencia original del trauma. Antes de examinar la vía ascendente con más detalle, tendremos que dar un rodeo por la biología, en concreto, por el papel crucial que desempeña el nervio vago.

 

El nervio vago

Nuestro sistema de compromiso social depende de nervios que tienen su origen en los centros reguladores del tronco cerebral, principalmente el nervio vago.

Junto con los nervios adyacentes, activa los músculos de la cara, la garganta, el oído medio y la laringe. Cuando este complejo nervioso funciona correctamente, somos capaces de empatizar y sincronizarnos con los demás. Estos nervios envían señales al corazón y a los pulmones, reduciendo el ritmo cardíaco y aumentando la profundidad de la respiración. Como resultado, nos sentimos tranquilos y relajados, centrados o placenteramente excitados.

Cualquier amenaza a nuestra seguridad o a nuestras conexiones sociales desencadena cambios en el nervio vago. La garganta se seca, la voz se pone tensa, el corazón se acelera y la respiración se vuelve rápida y superficial. Estos cambios tienen en parte el objetivo de indicar a los demás que acudan en nuestra ayuda.

Pero si no viene nadie, el cerebro límbico mayor toma el control. El sistema nervioso simpático moviliza los músculos, el corazón y los pulmones para luchar o huir.

Nuestra voz se vuelve más rápida y estridente y nuestro corazón empieza a latir más rápido.

Por último, si la amenaza continúa y sigue sin haber salida, se activa el último sistema de emergencia: el complejo vagal dorsal (CVD). Este sistema llega en profundidad por debajo del diafragma hasta el estómago, los riñones y los intestinos.

Nuestro ritmo cardíaco se desploma (nuestro corazón "cae"), no podemos respirar y nuestros intestinos dejan de funcionar o se vacían. El metabolismo se reduce drásticamente en todo el cuerpo. Este es el punto en el que nos desconectamos, nos colapsamos o nos congelamos. Una vez que este sistema toma el control, tanto nosotros como los demás dejamos de importar. Es posible que ni siquiera registremos el dolor físico. Este nivel de inmovilización está en la raíz de la mayoría de los traumas.

 

El Tratamiento ascendente del trauma

De las tres vías para el tratamiento del trauma, los enfoques ascendentes, como las terapias somáticas y psicomotoras, son los menos utilizados y apreciados.

Su objetivo es triple:

■            Sacar la información sensorial bloqueada y congelada por el trauma

■            Ayudar a los pacientes a regular (en lugar de suprimir) las energías liberadas por esa experiencia interior

■            Completar las acciones físicas de autoconservación que se vieron reprimidas cuando estaban atrapados, restringidos o inmovilizados por el terror del suceso.

Hablar y comprender ayuda, y los medicamentos pueden amortiguar los sistemas de alarma hiperactivos. Pero la investigación y la práctica han demostrado que las huellas del pasado también pueden transformarse teniendo experiencias físicas que contradigan directamente la impotencia, la rabia y el colapso que forman parte del trauma. Y al hacerlo, recuperar el autodominio. 

A mediados de la década de 1980, Steven Maier y Martin Seligman realizaron experimentos de "indefensión aprendida" con perros. Administraron repetidamente descargas dolorosas a perros que estaban atrapados en jaulas cerradas, desencadenando una condición llamada "choque inescapable". Después de abrir las jaulas, los perros que habían recibido las descargas no huían. Simplemente se quedaban tumbados, gimiendo y defecando. 

Este famoso experimento arroja luz sobre lo que ocurre con los traumas en los seres humanos: abrir el camino hacia la libertad no significa necesariamente que lo tomen. Más bien, a menudo se dan por vencidos en lugar de experimentar con lo desconocido.

Los científicos descubrieron que la única forma de enseñar a los perros traumatizados a salir de las rejillas eléctricas cuando las puertas estaban abiertas era arrastrarlos repetidamente fuera de sus jaulas para que experimentaran físicamente cómo podían escapar. Así comenzó la exploración de Van der Kolk sobre cómo estos hallazgos podrían aplicarse a los humanos.

Lo que descubrió fue que lo contrario de la inmovilización es la acción eficaz. La inmovilización mantiene al cuerpo en un estado de shock ineludible y de impotencia aprendida.

Si una persona es retenida, atrapada o se le impide actuar de forma efectiva -como en una zona de guerra, un accidente de coche, la violencia doméstica o una violación-, el cerebro sigue segregando sustancias químicas del estrés y los circuitos eléctricos del cerebro siguen disparando en vano. Pero si pueden luchar o huir eficazmente, la amenaza termina y el cuerpo vuelve a la normalidad.

Poder moverse y hacer algo para protegerse es un factor crítico para que una experiencia acabe siendo traumática. Los supervivientes del huracán Katrina que fueron atados y trasladados por aire fuera de las zonas peligrosas sufrieron un trauma peor que los que se quedaron, por ejemplo. La mejor manera de superar los patrones de sumisión arraigados es restablecer la capacidad física de participar y defenderse. 

Antes de comenzar las terapias somáticas y psicomotoras, se ayuda a los pacientes a crear una sensación de seguridad interna. El terapeuta especialista en Trauma Peter Levine llama a esto "pendulación", es decir, entrar y salir suavemente para acceder a las sensaciones internas y los recuerdos traumáticos. Una vez que puedan tolerar ser conscientes de sus experiencias físicas basadas en el trauma, es probable que descubran poderosos impulsos físicos -como golpear, empujar o correr- que fueron originalmente reprimidos para sobrevivir.

Las terapias somáticas crean un espacio seguro para que estos actos se expresen, esto junto con los abordajes terapéuticos que tienen la capacidad de incidir en el cerebro emocional. 

Pasos esenciales para la recuperación

Todos estos hallazgos y terapias apuntan a una serie de pasos esenciales que ayudan a las personas a sanar su trauma.

El cuerpo

Sólo puedes ser plenamente dueño de tu cuerpo si puedes reconocer la realidad de tu cuerpo, en todas sus dimensiones viscerales. En algún momento, necesitamos sentirnos a gusto y seguros con toda la gama de sensaciones de que disponemos. 

Esto puede ocurrir a través de interacciones rítmicas con otras personas, como en los deportes, la música, el baile o el juego. Todas estas actividades se basan en los ritmos interpersonales, la conciencia visceral y la comunicación vocal y facial. Estas actividades ayudan a las personas a salir de los estados de lucha/huida, a reorganizar su percepción del peligro y a aumentar su capacidad de relación. 

Esto puede ocurrir mediante el desarrollo de la conciencia somática, nombrando lo que uno siente. No las emociones superficiales como la ira, el miedo o la ansiedad, sino las sensaciones subyacentes como la presión, el calor, la tensión, el hormigueo, el hundimiento, la sensación de vacío, etc. Estas sensaciones físicas son transitorias y responden a ligeros cambios en la posición del cuerpo, cambios en la respiración y cambios en el pensamiento.

Tomar conciencia de cómo el cuerpo organiza estas sensaciones abre la posibilidad de revisar el pasado de forma segura, donde se pueden liberar los impulsos que en su día se bloquearon para sobrevivir.

Crear "islas de seguridad" dentro del cuerpo.

 Se trata de partes del cuerpo, posturas o movimientos que pueden utilizar para "conectarse a tierra" siempre que se sientan atascados, aterrorizados o enfurecidos. Estas partes del cuerpo suelen estar fuera del alcance del nervio vago, que lleva los mensajes de pánico al pecho, el abdomen y la garganta. Pueden servir de aliadas para reintegrar el trauma.

 

Comunicar y experimentar plenamente

En algún momento de su tratamiento, las víctimas del trauma deben aprender a comunicar toda su experiencia.

A menudo, su historia se ha convertido en una narración rutinaria a lo largo del tiempo, editada de la forma menos probable para provocar el rechazo. Pero a través de la conversación, la escritura, el arte, la música, la danza y otras formas de autoexpresión, pueden empezar a contar la verdadera historia. Esta puede ser una de las razones por las que estas formas de arte se han practicado en culturas de todo el mundo durante milenios, ayudando a individuos y comunidades a aceptar lo que les ha sucedido. 

Al escribir un diario, por ejemplo, saldrán cosas que ni siquiera sabías que estaban ahí. El crítico interior se calma cuando las palabras se derraman sobre la página, ya que el bolígrafo o el teclado parecen canalizar todo lo que brota de nuestro interior. A través de la escritura, podemos conectar partes del cerebro que normalmente no se hablan entre sí, sin preocuparnos por el qué dirán.

En un estudio realizado por James Pennebaker y Anne Krantz, instructora de danza y movimiento con sede en San Francisco, se comparó la expresión artística no verbal con la escritura en su capacidad para procesar el trauma. A un grupo se le pidió que revelara una experiencia traumática personal mediante movimientos corporales expresivos durante al menos diez minutos al día durante tres días consecutivos y que luego escribiera sobre ella durante otros diez minutos. Un segundo grupo bailó pero no escribió sobre su trauma, y un tercer grupo realizó un programa de ejercicios rutinarios.

A lo largo de tres meses, los miembros de los tres grupos afirmaron sentirse más felices y sanos. Pero sólo el grupo de movimiento expresivo que también escribía mostró pruebas objetivas: mejor salud física y mejores promedios de notas.

En un estudio posterior realizado por Pennebaker, se pidió a los participantes que relataran sus experiencias traumáticas en una grabadora. Descubrieron que los que se permitían sentir sus emociones mostraban cambios fisiológicos significativos, tanto inmediatos como a largo plazo. El descenso de la presión arterial aún podía medirse seis semanas después de que el experimento terminara.

Aprender a confiar de nuevo en los demás

Uno de los efectos más devastadores del trauma es la pérdida de la capacidad de confiar en los demás. ¿Cómo puede uno entregarse a una relación íntima después de haber sido maltratado o violado?

Todo en nosotros -nuestro cerebro, nuestra mente, nuestro cuerpo- está orientado a la colaboración en sistemas sociales. Es nuestra estrategia de supervivencia más poderosa. La clave de nuestra supervivencia como especie. Y es precisamente esto lo que se rompe en la mayoría de las formas de sufrimiento mental. Si miramos más allá de los síntomas formales, casi todas las formas de sufrimiento mental implican o bien problemas para crear relaciones viables y satisfactorias, o bien dificultades para regular la excitación (enfurecerse habitualmente, apagarse, sobreexcitarse o desorganizarse). Todo ello interfiere en nuestra maquinaria básica de apoyo social.

Muchas personas traumatizadas se sienten crónicamente fuera de sintonía con otras personas de su entorno. Suelen buscar a otros con experiencias similares, que "lo entiendan". Esto alivia su sensación de aislamiento, pero a veces al precio de tener que negar sus diferencias individuales. Aislarse en un grupo de víctimas estrechamente definido promueve una visión de los demás como irrelevantes en el mejor de los casos y peligrosos en el peor, lo que conduce a una mayor alienación. Las bandas, los partidos políticos extremistas y los cultos religiosos pueden proporcionar consuelo, pero no suelen ofrecer la flexibilidad mental necesaria para abrirse plenamente a lo que la vida ofrece. 

El apoyo social no consiste simplemente en estar en presencia de otras personas. La clave es la reciprocidad: ser realmente vistos y escuchados por las personas que nos rodean, y sentir que nos sostienen en la mente y el corazón de otra persona. Para que esa reciprocidad sea posible, nuestro sistema defensivo debe apagarse temporalmente. La intimidad requiere que seamos capaces de experimentar la vulnerabilidad sin miedo.

Poder sentirse seguro con otras personas es probablemente el aspecto más importante de la salud mental. Las conexiones íntimas y de confianza son fundamentales para una vida significativa y satisfactoria. Dado que el trauma casi siempre implica no ser visto, no ser reflejado o no ser tenido en cuenta, el tratamiento debe restablecer la capacidad de reflejar y ser reflejado por otros, sin ser secuestrado por las emociones negativas de los demás. 

Las personas traumatizadas se recuperan en el contexto de las relaciones: con las familias, los seres queridos, las reuniones de grupos pequeños, los grupos de veteranos, las comunidades religiosas o los terapeutas profesionales.

 

Dejar de lado la vergüenza

En el fondo, a muchas personas traumatizadas les persigue la vergüenza por lo que hicieron o dejaron de hacer durante su experiencia. Se desprecian a sí mismas por lo aterrorizadas, dependientes, excitadas o enfurecidas que se sintieron. 

Esto es especialmente cierto si el abusador era alguien cercano a ellos cuando eran niños, o alguien de quien dependían, como suele ser el caso. El resultado es la confusión sobre si uno fue una víctima o un participante voluntario, lo que a su vez lleva al desconcierto sobre la diferencia entre el amor y el terror, el dolor y el placer. Parte de la recuperación consiste en dejar de lado estos sentimientos de culpa y vergüenza. Perdonarse a sí mismo por lo que sucedió o no sucedió. O darse cuenta de que no hay nada que perdonar.

 

Reintegrar los recuerdos y cambiar su significado

Como hemos visto antes, los recuerdos traumáticos suelen existir en una parte separada y amurallada de la mente. Una parte esencial del tratamiento del trauma es reintegrar esos recuerdos en el sentido de uno mismo, donde a menudo adquieren nuevos significados.

Van der Kolk describe su experiencia de trabajo con Albert Pesso, un antiguo bailarín que había desarrollado un nuevo tipo de tratamiento para el trauma llamado terapia psicomotriz del sistema Pesso Boyden (PBSP). Consistía en crear "estructuras" o escenarios en los que los sujetos recreaban escenas de su pasado. A través de un formato de entrevista, el participante principal (llamado "protagonista") indicaba a las personas que se sentaran o se pusieran de pie en posiciones alrededor de la habitación que representaran su papel o relación hacia ellos.

El cerebro humano procesa los movimientos espaciales con el hemisferio derecho del cerebro, que es la misma zona que se ve más afectada por el trauma.

Mediante la creación y posterior manipulación de estas estructuras, el protagonista es capaz de reproducir y cambiar escenas de su pasado. Por ejemplo, haciendo que alguien "interprete" a su madre o a su padre y exprese su ira, su decepción o su amor no expresado hacia ellos. Los protagonistas se convirtieron en los directores de su propia obra de teatro, reclutando a otras personas para que les proporcionaran el amor, el apoyo y la protección que les había faltado en esos momentos críticos.

Estos innovadores métodos de tratamiento no borran los malos recuerdos, ni siquiera los neutralizan. Ofrecen nuevas opciones: una memoria alternativa en la que se  satisfacen las necesidades humanas básicas y se cumplen los anhelos de amor. Las estructuras promueven una de las condiciones esenciales para un cambio terapéutico profundo: un estado de trance en el que pueden convivir múltiples realidades.

En ese estado puedes experimentar simultáneamente las complejas emociones de la lealtad y la ternura mezcladas con la rabia y el anhelo.

 

La posibilidad del autoliderazgo

El trauma priva a las personas de su autodirección, es decir, de la sensación de que son dueños de sí mismos. Uno de los retos de la recuperación es restablecer la propiedad del cuerpo y la mente.

Muchas personas quieren sentirse dueñas de si mismas y para ello emprenden largas jornadas de viajes a la India, escalar montañas, experimentan con ritos pre-hispánicos, buscan alivio en esferas espiritualoides y al final posiblemente la respuesta está en su propio sistema nervioso, lo que ellos llaman “no ser dueño de mi vida”, en realidad es su sistema nervioso que está constantemente hiperactivo y por eso no pueden regular y “controlar” sus pensamientos.

Para la mayoría de las personas esto implica:

1.       Encontrar la manera de calmarse y concentrarse

2.       Aprender a mantener esa calma en respuesta a imágenes, pensamientos, sonidos o experiencias físicas que le recuerden el pasado

3.       Encontrar la manera de estar plenamente vivo en el presente y comprometido con las personas que te rodean

4.       No tener que guardarse secretos a sí mismo, incluidos los secretos sobre las formas en que ha logrado sobrevivir

Mientras las personas estén hiperactivas o cerradas, no podrán aprender de la experiencia. Incluso si consiguen mantener el control, pueden seguir siendo inflexibles, obstinadas y deprimidas. La recuperación del trauma implica el restablecimiento del funcionamiento ejecutivo y, con él, de la confianza en sí mismo y de la capacidad de juego y creatividad.

A medida que se restablece la conexión visceral con nuestro cuerpo, surge una nueva capacidad de amar cálidamente al yo. Empezamos a cuidar nuestra salud, nuestra dieta, nuestra energía y nuestro tiempo. Este cuidado surge de forma espontánea y natural, no en respuesta a un "debería". Esto sienta las bases para el desarrollo de nuestras habilidades de liderazgo interno: lo bien que escuchamos a nuestras diferentes partes, nos aseguramos de que se sientan atendidas y evitamos que se saboteen unas a otras. En lugar de que una parte de nosotros domine la conversación, podemos tratarlas todas como elementos importantes en una compleja constelación de pensamientos y emociones.

Las investigaciones pioneras en neurociencia realizadas por científicos como Michael Gazzaniga, combinadas con el trabajo en IFS (Sistemas Familiares Internos), nos han proporcionado un modelo de la mente humana que consiste en múltiples subsistemas distintos. Cada uno de ellos funciona de forma semiautónoma, con sus propias necesidades, habilidades e historia. 

También tienen diferentes niveles de madurez, excitabilidad, sabiduría y dolor.

En el trauma, la relación entre estos subsistemas se rompe y entran en guerra entre sí. El autodesprecio lucha con la grandiosidad, el cariño con el odio, el adormecimiento y la pasividad con la rabia y la agresividad. El trauma secuestra estos sentimientos fuera de sus estados naturales y valiosos. Por ejemplo, todos tenemos partes de nosotros mismos que son infantiles y divertidas. Cuando sufrimos abusos, estas partes son las que más duelen, y se congelan con el dolor, el terror y la traición del abuso. Esta carga las vuelve tóxicas, y las otras partes se agrupan para protegerse de su dolor. 

Al hacerlo, estos "gestores internos" adoptan algunos aspectos del maltratador.

Las voces internas hipercríticas y perfeccionistas se encargan de que nunca nos acerquemos a nadie, o nos impulsan a ser implacablemente productivos, o nos hacen entrar en cólera a la menor provocación. Intentan protegernos de la sensación de aniquilación, pero en el proceso nos hacen sentir miserables.

Todo sistema complejo requiere un liderazgo competente, y este sistema interno no es diferente. El tratamiento implica asegurar a todas las partes que son bienvenidas y valoradas, incluso las que son suicidas o destructivas.

Implica recurrir al propio líder interno para que distribuya sabiamente los recursos disponibles y aporte una visión de conjunto que tenga en cuenta todas las partes. Este "yo líder" no necesita ser cultivado ni entrenado. Siempre está ahí bajo la superficie, listo para hacerse cargo una vez que los mecanismos de protección que han surgido para protegerlo de la destrucción retroceden.

En un estudio de nueve meses de duración, un grupo de sujetos de la IFS mostró mejoras medibles en el dolor articular autoevaluado, la función física, la autocompasión y el dolor general en relación con un grupo de control. También mostraron mejoras significativas en la depresión y la autoeficacia. Las mejoras subjetivas se mantuvieron un año después, pero no las medidas objetivamente, lo que indica que lo que había mejorado era su capacidad para vivir con su dolor.

Las adaptaciones traumáticas continúan hasta que todo el organismo humano se siente seguro e integra todas las partes de sí mismo que están atascadas luchando o defendiéndose del trauma. Si has sufrido abusos o negligencia en tu infancia, es probable que todavía tengas una parte infantil que vive dentro de ti y que está congelada en el tiempo, aferrándose al autodesprecio y la negación. 

Apartar estos sentimientos puede ser altamente adaptativo a corto plazo, ya que te ayuda a preservar tu dignidad o a centrarte en tareas críticas como cuidar de tu familia o reconstruir una casa.

Pero se requiere una enorme cantidad de energía para mantener el sistema bajo control. Un solo comentario puede desencadenar varias partes simultáneamente: una que se enfada intensamente, otra llena de autodesprecio y una tercera que intenta calmar las cosas con hábitos de afrontamiento. El gestor interno que alistamos para gestionar esta situación puede convertirse en un problema en sí mismo: crear obsesiones, buscar distracciones, imponer el control, tener sed de poder, reprimir las emociones o negar la realidad por completo.

Con el tiempo, los poderosos gestores que creamos para protegernos de la sensación de impotencia tienen que desaparecer.

El futuro del trauma

En la actualidad, más del 50% de los niños atendidos por la clínica de Trauma del Newman  han tenido tres o más "experiencias adversas en la infancia", según la definición del estudio ACE, como maltrato por parte de los cuidadores, negligencia emocional, depresión, violencia, abusos, consumo de drogas en el hogar o periodos sin hogar.

En México, 39% de la población ha experimentado 4 o mas experiencias adversas en su infancia. La experiencia más común es la violencia emocional seguido del maltrato por alguno de los cuidadores, siendo el maltrato materno muy común en los estados del norte del pais.

"El maltrato infantil es la causa más común de psicopatología adulta que puede prevenirse"
Sandra Baita

Es una cifra absolutamente exhorbitante. Desafía nuestra concepción del trauma como algo poco común, que solo afecta a una pequeña minoría de personas.

Mientras tanto, el maltrato y el abandono infantil son la causa más prevenible de las enfermedades mentales, la causa más común del abuso de drogas y alcohol, y un factor importante que contribuye a las principales causas de muerte, como la diabetes, las enfermedades cardíacas, el cáncer, los accidentes cerebrovasculares y el suicidio. 

Poco a poco nos vamos convirtiendo en una sociedad consciente del trauma, a medida que la investigación y la práctica clínica descritas en este libro se extienden en el establecimiento médico y la cultura terapéutica.

 Pero, como documenta Van der Kolk en detalle, antes ha habido reacciones contrarias al reconocimiento de la realidad del trauma.

Este libro constituye un hito en la historia de la concienciación y el tratamiento del trauma. Enlaza la investigación científica con la práctica clínica y los nuevos métodos de tratamiento. Llama la atención sobre el terrible impacto del trauma en los individuos y en la sociedad, a la vez que sugiere numerosas formas prácticas de tratarlo, como el EMDR  para las memorias (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares), el entrenamiento del cerebro por Neurofeedback y el Yoga Sensible al Trauma para el Cuerpo.

 

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